Ojalá que mi muerte se disfrace de cenizas,
que asuste a los niños
y se enrede con detalles sexuales torpes,
Ojalá que mi muerte desequilibre mis balcones,
que se asome a saltos en algunos labios,
y se mezcle fríamente con el ginebra.
Ojalá que mi muerte sea postcoital,
que llegue después de un cigarro habanero
y después de ti y tus propinas.
Ojalá que mi muerte no quede sobreseida,
que luzca justa y bien vestida,
y que me vea infinitamente más sensual que ahora.
Ojalá que la muerte no toque el repetitivo timbre,
que guarde las pantymedias de mis amigas,
y que coleccione a inútiles en el recuerdo.